Juzgar exige más que un conocimiento técnico de la ley. Desde el principio, el Doctor Valdemir Ferreira Santos señala que se requiere la capacidad de analizar hechos, pruebas y argumentos sin permitir que las convicciones personales interfieran en el resultado, incluso ante casos que involucran sufrimiento humano, injusticias aparentes o presiones externas de distinta naturaleza. Esta es, quizás, la exigencia más silenciosa y menos detallada de la función del magistrado, precisamente porque no aparece de forma explícita en el texto de una sentencia, aunque esté presente en cada línea de su fundamentación.
La imparcialidad no significa neutralidad emocional ante los hechos, sino un compromiso técnico con un proceso de decisión que trate a las partes de manera equitativa, independientemente de quiénes sean. El ordenamiento jurídico brasileño rodea esta exigencia de garantías formales, como los supuestos de impedimento y recusación previstos en el Código de Proceso Civil, que apartan al juzgador de aquellos casos en los que su imparcialidad pueda estar comprometida, aunque sea únicamente en apariencia. Estas normas existen precisamente porque la confianza en la Justicia no depende únicamente de la imparcialidad real de quien juzga, sino también de la percepción pública de que dicha imparcialidad ha sido preservada en cada etapa del proceso, un principio que el magistrado considera fundamental para la legitimidad de cualquier decisión.
¿Cómo se construye la imparcialidad en la práctica?
A diferencia de lo que muchos imaginan, la imparcialidad no es un rasgo de personalidad, sino una disciplina que se ejerce continuamente. Esto implica evaluar las pruebas con criterios técnicos, fundamentar las decisiones de acuerdo con la legislación aplicable y resistir la tentación de juzgar basándose únicamente en la impresión inicial de un caso, incluso antes de que se hayan producido todas las pruebas. Según explica el Doctor Valdemir Ferreira Santos, esta disciplina se aprende y se fortalece a lo largo de la carrera, mediante la experiencia acumulada en diferentes tipos de conflictos, cada uno de los cuales exige una mirada técnica renovada.
La formación continua desempeña un papel relevante en este proceso. La Escuela Nacional de Formación y Perfeccionamiento de Magistrados (ENFAM) fue creada precisamente para garantizar que los jueces, a lo largo de toda su carrera, continúen desarrollando competencias técnicas y éticas compatibles con la creciente complejidad de los casos que llegan al Poder Judicial, en ámbitos que van desde el Derecho de Familia hasta la tecnología aplicada a los procesos judiciales.

El peso de la responsabilidad en las decisiones
Cada decisión judicial produce efectos concretos en la vida de personas reales: custodia de los hijos, pérdida de patrimonio, libertad y sustento familiar. Esta responsabilidad acompaña al magistrado en cada proceso analizado, aunque el procedimiento judicial exija un distanciamiento técnico respecto del caso concreto. Valdemir Ferreira Santos confirma que esta tensión entre la proximidad humana y el distanciamiento técnico es una de las características más exigentes de la magistratura, presente incluso en causas aparentemente sencillas, que muchas veces esconden graves consecuencias para quienes esperan una decisión.
Entre la técnica jurídica y la realidad social
Aplicar la ley no es un ejercicio mecánico. Cada proceso conlleva un contexto social específico, y corresponde al juez interpretar la norma a la luz de ese contexto, sin apartarse de los límites legales que garantizan previsibilidad al sistema. Este equilibrio entre técnica y sensibilidad social es lo que diferencia una decisión técnicamente correcta de una decisión que, además de ser correcta, cumple su función social ante las partes y ante la sociedad.
Un compromiso continuo
La magistratura no es una posición estática. Exige una actualización constante ante los cambios legislativos, los nuevos entendimientos de los tribunales superiores y las transformaciones sociales que modifican el significado práctico de determinadas normas a lo largo del tiempo. El juez Valdemir Ferreira Santos forma parte de esta trayectoria de aprendizaje permanente, característica de una función pública que, por tratar directamente con la vida de las personas, no admite acomodación.
Comprender esta realidad cotidiana ayuda al ciudadano a percibir, detrás de cada sentencia, un proceso de decisión más complejo y exigente de lo que suele parecer a primera vista, sustentado en la técnica, la responsabilidad y un compromiso constante con la imparcialidad. Es este conjunto de criterios el que, en la práctica, define el trabajo de Valdemir Ferreira Santos y de tantos otros magistrados que actúan diariamente en la primera línea del sistema de Justicia.