El miedo y la vergüenza explican por qué es tan difícil romper una relación abusiva, según Taiza Tosatt Eleoterio

Mina Takemori
5 Min de lectura
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Taiza Tosatt Eleoterio

El miedo y la vergüenza aparecen, casi siempre juntos y entrelazados, en los relatos de quienes viven o ya han vivido una relación abusiva. La psicoanalista Taiza Tosatt Eleoterio, especialista en salud mental y relaciones familiares, señala que comprender el papel específico de cada uno de estos sentimientos ayuda a explicar por qué romper este tipo de vínculo es mucho más difícil de lo que parece desde fuera, y por qué afirmaciones simplistas como «basta con irse» ignoran una parte esencial de esta experiencia.

¿Por qué el miedo pesa tanto en la decisión de terminar una relación abusiva?

El miedo, en estos casos, suele ser bastante concreto y específico: miedo a represalias después de la separación, miedo a perder el acceso a los hijos o miedo a no poder mantenerse económicamente por sí sola. No se trata de un temor vago o exagerado, sino de riesgos reales que muchas veces se confirman precisamente en el momento de la ruptura.

Este miedo tiende a aumentar, y no a disminuir, cuando la mujer manifiesta una intención real de irse, lo que convierte el período de separación en uno de los momentos más peligrosos dentro de una relación abusiva, algo que suele sorprender a quienes observan la situación desde fuera.

¿La vergüenza desempeña un papel diferente al del miedo?

Sí, y esta es una distinción importante. Mientras que el miedo está orientado hacia el futuro y hacia posibles consecuencias concretas, la vergüenza mira hacia atrás, hacia el juicio imaginado o real de otras personas sobre la propia historia vivida.

Taiza Tosatt Eleoterio destaca que la vergüenza suele alimentarse de preguntas silenciosas como «¿por qué dejé que esto sucediera?» o «¿qué pensarán de mí?», cuestiones que rara vez tienen una respuesta justa, pero que pesan constantemente sobre quien vive la situación, incluso cuando nadie ha dicho nada en voz alta.

¿Por qué la vergüenza suele silenciar a quien vive esta situación?

La vergüenza funciona como un aislante social bastante eficaz: cuanto más vergüenza siente una persona por una situación, menos tiende a hablar de ella, lo que reduce precisamente las posibilidades de encontrar apoyo externo capaz de ayudar a romper el ciclo de silencio y violencia.

Este silencio también se ve reforzado, en muchos casos, por la propia pareja abusiva, que utiliza deliberadamente la vergüenza como una herramienta de control, insinuando que nadie creerá su historia o que la culpa recae completamente sobre la propia mujer.

¿Estos sentimientos desaparecen después de que la persona deja la relación?

No inmediatamente, y esto suele frustrar bastante a quienes esperan sentirse libres en cuanto termina la relación. El miedo y la vergüenza suelen persistir durante un tiempo después de la separación, especialmente cuando todavía existe contacto con el agresor, ya sea por los hijos, por procesos judiciales o por la convivencia en espacios comunes del barrio o del trabajo.

Taiza Tosatt Eleoterio señala que reconocer esta persistencia, en lugar de esperar que los sentimientos desaparezcan de una sola vez, ayuda a afrontarlos de manera más realista, sin exigirse una recuperación instantánea que rara vez ocurre en la práctica.

¿Cómo afrontar el miedo y la vergüenza al buscar ayuda?

Hablar con alguien de confianza, aunque sea poco a poco y con cautela, suele reducir el peso de la vergüenza, ya que esta se alimenta precisamente del silencio prolongado. Buscar apoyo profesional también ayuda a diferenciar los riesgos reales, que requieren un plan de seguridad, de los miedos que ya no corresponden a la situación actual.

Desde la perspectiva de Taiza Tosatt Eleoterio, comprender el origen de estos sentimientos no hace que desaparezcan de la noche a la mañana, pero les quita el peso de ser tratados como fallas personales, permitiendo que sean abordados como lo que realmente son: respuestas comprensibles y esperables ante una experiencia prolongada de violencia.

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