Las lluvias torrenciales en Coquimbo y Atacama dejaron trece muertos, miles de viviendas destruidas y decenas de miles de personas aisladas por rutas cortadas.
Un temporal fuera de lo común golpeó al norte de Chile durante más de una semana y dejó un saldo que las propias autoridades calificaron como el más severo registrado en la zona en veinte años. Las regiones de Coquimbo y Atacama, habitualmente marcadas por un clima árido y semidesértico, recibieron precipitaciones que en algunos puntos, como Cerro Tololo, superaron los 200 milímetros, según especialistas citados por Infobae. El fenómeno comenzó el 15 de julio en el sur del país y avanzó hacia el norte con una intensidad que sorprendió incluso a quienes llevan décadas viviendo en esas tierras.
¿Por qué este temporal fue tan distinto a otros en el norte de Chile?
La clave está en la geografía. Coquimbo y Atacama no están preparadas para recibir lluvias intensas, ya que sus suelos, su infraestructura vial y sus sistemas de drenaje fueron pensados para un clima seco casi todo el año. Cuando el agua cayó con fuerza, los cauces de los ríos crecieron rápidamente y arrastraron todo a su paso, desde cultivos hasta tramos completos de caminos. El gobernador de Coquimbo, Cristóbal Juliá, describió la situación a la agencia AFP señalando que la última vez que la región vivió lluvias de esa magnitud fue en 1997, pero que en esta ocasión el fenómeno superó con creces lo ocurrido entonces, de acuerdo con el relato recogido por La Nación.
A esto se sumaron ráfagas de viento que superaron los 100 kilómetros por hora y marejadas que obligaron a cerrar de manera preventiva varios puertos del norte chileno, lo que agravó todavía más la sensación de aislamiento en localidades costeras. Los deslizamientos de tierra también se convirtieron en un problema serio, como el que afectó a un barrio residencial de Viña del Mar y que quedó registrado por agencias internacionales como Reuters.
El balance humano y material de la emergencia
Los números fueron cambiando día a día a medida que las labores de rescate avanzaban. Un primer reporte matutino habló de cinco fallecidos, cifra que horas más tarde subió a diez, según confirmó Alicia Cebrián, directora del Servicio de Emergencias Estatal (Senapred), citada por ABC Color. Con el paso de los días, el balance final llegó a trece muertos, según el recuento más reciente publicado por Euronews.
Además de las víctimas fatales, las autoridades reportaron cuatro personas desaparecidas y diecisiete heridos en los primeros días de la emergencia. El impacto material también fue enorme: cerca de 2.800 viviendas quedaron destruidas o con daños estructurales graves, mientras que unas 60.000 personas permanecían aisladas por la interrupción de rutas, según el balance más actualizado. En los primeros reportes, cuando la emergencia recién escalaba, esa cifra de aislados había llegado a superar las 100.000 personas, de acuerdo con lo publicado por France24.
Los relatos de quienes vivieron la emergencia dan cuenta de la magnitud del desastre. Barrios enteros quedaron cubiertos de barro y agua, familias perdieron sus casas y sus pertenencias, y muchas personas debieron ser rescatadas desde los techos de sus viviendas mediante helicópteros del Ejército. En zonas rurales como Barrancas, vecinos pasaron días completos intentando rescatar del lodo lo poco que quedaba de sus hogares.
La respuesta del Gobierno y el camino hacia la recuperación
Ante la magnitud de la emergencia, el presidente José Antonio Kast decretó estado de catástrofe en Coquimbo y en la provincia de Huasco, en Atacama. Esta medida permitió desplegar efectivos militares, restringir la libre circulación en las zonas más afectadas y agilizar el envío de ayuda humanitaria. Las clases fueron suspendidas en localidades como Valparaíso, Copiapó, San José de Maipo y Tiltil mientras se evaluaban los daños en la infraestructura escolar.
Con las lluvias en retirada, cerca de treinta vehículos pesados comenzaron a trabajar en la limpieza de caminos, mientras helicópteros trasladaban alimentos y agua potable hacia las zonas de difícil acceso que aún permanecían incomunicadas. El subsecretario del Interior, Máximo Pavez, explicó que las precipitaciones registradas rompieron todos los registros históricos disponibles para la zona.
Aunque las previsiones meteorológicas mejoraron en los últimos días, las autoridades mantienen la alerta y advierten que la reconstrucción tomará tiempo, sobre todo en las localidades rurales donde miles de familias deberán reconstruir sus viviendas desde cero. El desafío ahora pasa por sostener la ayuda humanitaria mientras se restablecen los servicios básicos y se evalúan los daños definitivos en la infraestructura pública del norte del país.